CÓMO ACOMPAÑAR A TU PERR@ EN LA CLÍNICA VETERINARIA

Para la mayoría de perros/as la experiencia de visitar la clínica veterinaria supone un drama, demasiado estrés, manipulaciones, pruebas, pinchazos… Todo esto puede generar inseguridad y estrés. 

Párate a pensar cuando nosotras necesitamos ir al dentista, nos genera incomodidad y estrés, incluso miedo en algunos casos según lo que tengan que hacernos. Y eso contando con que tenemos la posibilidad de elegir cuándo vamos y prepararnos previamente. 

Nuestr@s compañer@s perrun@s no tienen esta posibilidad, y es muy lógico y normal que sea un momento incómodo para ellas/os.

En e-DOPTA trabajamos para que cada experiencia (también en la clínica) se convierta en una oportunidad para construir una relación de confianza sana.

Por eso te contamos cómo acompañar a tu compañer@ en la clínica veterinaria desde un enfoque integral y centrado en su bienestar emocional. 

PREGUNTAS CLAVE ANTES DE EMPEZAR

Antes de tener la necesidad de ir a la clínica veterinaria es importante hacernos algunas preguntas que nos ayuden a elegir la mejor opción.

  • ¿Cómo se siente mi perro/a con las manipulaciones?
  • ¿Ha tenido experiencias negativas anteriores en clínicas?
  • ¿Cómo gestiona los entornos nuevos, ruidosos, en los que tiene que esperar?
  • ¿Tengo una veterinaria de confianza que respete las necesidades emocionales?

Responder a estas preguntas nos permite adaptar el proceso y tomar decisiones que prioricen el bienestar emocional, no sólo la revisión médica. 

TOMAR LA DECISIÓN: A DOMICILIO O EN LA CLÍNICA

No tod@s los perr@s están preparados para ir a la clínica veterinaria, algunos necesitan trabajar algunas herramientas como la habituación, fomentar la calma, y generar una buena rutina de manipulación, entre otras muchas cosas según las necesidades de cada individuo. 

Iniciar el proceso con una visita a domicilio puede ser una buena opción, para esto es importante hacer una transición progresiva: 

  • Primero que la veterinaria venga a casa. Recuerda quedar en la calle con ella para dar un paseo, y que ella vaya delante cuando entréis en el portal o en casa. Esto le permitirá recoger información y tener mayor previsibilidad.
  • Paralelamente trabajar la rutina de manipulación y el contacto para que sea algo positivo. 
  • Finalmente, cuando el perr@ esté preparad@, hacer la transición a la clínica veterinaria si es necesario. 

 

ANTES DE IR A LA CLÍNICA: PREPARA EL ENTORNO

Para que la visita no sea sinónimo de miedo, es necesario normalizar el entorno antes de necesitarlo. Aquí tienes algunas ideas: 

  • Visita la clínica sin hacer ninguna manipulación, solo entrar y salir, tal vez aprovechar para pesarle. 
  • Hazlo en horas tranquilas, evitando momentos de mucho movimiento. 
  • Repite varias veces sin que suceda nada “malo”, ni pinchazos ni manipulaciones. 

Así podrá asociar el lugar con experiencias positivas y previsibles. 

Si tu compañer@ tiene dificultades puede ser necesario un trabajo previo. En estos casos, evita forzar la situación, y pide a tu veterinaria que os atienda en momentos tranquilos o incluso fuera del horario de apertura de la clínica. 

EN LA SALA DE ESPERA

La sala de espera suele ser el lugar más complicado: olores intensos, otros animales, ruidos, movimiento constante. Siempre que sea posible, evita esperar dentro. Esperar fuera, en el coche o en la acera, reduce mucho el nivel de estrés.

Si no hay más remedio que permanecer dentro:

  • Busca una esquina tranquila, lo más alejada posible de la puerta o del tránsito.
  • Siéntate en el suelo con tu perro, con la correa corta pero relajada.
  • Aprovecha el momento para crear contacto tranquilo: respiraciones lentas, caricias suaves a favor del pelo o masaje de calma.

Evita las presentaciones con otros perros o personas en este contexto: la mayoría no están en disposición de gestionar más estímulos.

Para lograr con éxito los momentos de espera, es imprescindible trabajar la calma con herramientas específicas adaptadas a cada perr@. 

 

EN LA CONSULTA: COOPERACIÓN Y CONFIANZA

Aquí llega el momento clave. Entra sabiendo qué necesita tu compañer@:

  • ¿Tolera bien las manipulaciones?
  • ¿Tiene miedo a las herramientas o al entorno?
  • ¿Es sociable o necesita más espacio?

Cuanto más claro lo tengas, más fácil será comunicarlo a la veterinaria y tomar decisiones adecuadas.

COMUNICACIÓN Y PREVISIBILIDAD

Evita las prisas y los movimientos bruscos. Si es posible, habla con el equipo veterinario para planificar la visita sin esperas innecesarias.

¿QUIÉN MANIPULA?

Si no es estrictamente necesario que la veterinaria le manipule, mejor hazlo tú: sostener, revisar, abrirle la boca para ver las encías, las orejas, ponerle el termómetro etc. 

Colócate delante de tu perro/a y genera una sensación de protección. Tú eres su referencia, si eres tú a quien ve y quien le está tocando será mucho menos invasivo.

En procedimientos que requieren intervención directa (por ejemplo, extracción de sangre), se puede decidir hacerlo en el suelo o en la mesa, según la confianza y el trabajo previo.

Si se hace en mesa, sube tú misma a tu compañer@. Hazlo en bloque, con los dos brazos generando un “abrazo” que recoja el cuerpo entero del perro/a. 

Siempre que se pueda y las pruebas lo permitan, es mejor hacerlo en el suelo, es un entorno más controlable y previsible para nuestr@s compañer@s perrun@s, y evitamos el estrés extra de subir a una superficie de metal, que resbala y que no conoce. 

SEDACIÓN

Si es necesario sedarle para realizar alguna prueba, recuerda siempre que se duerma y se despierte contigo. Esto es un momento muy importante para no generar inseguridad, es un momento de máxima vulnerabilidad para ell@s y necesitan tenerte cerca.

Lo ideal es que le pinchen, que os quedéis en una sala tranquila sol@s, cuando ya esté dormido le hagan lo necesario, y cuando le pinchen para despertar repetir el proceso, estar en una sala tranquila sol@s hasta que se despierte. Procura quedarte en el suelo con tu compañer@ perrun@ para evitar inestabilidad y caídas. 

RECOMENDACIÓN:

Puedes trabajar en casa el subir y bajar de una superficie, que sea con una esterilla que no resbale, simplemente guiarle con una chuche para que suba por un lado y baje por el otro lado, alargando el tiempo que está encima progresivamente. 

AL SALIR DE LA CLÍNICA: LA COLA PARA PAGAR

Cuando la manipulación y las pruebas han terminado es muy recomendable que el perro/a salga de la clínica, si es posible que alguien os acompañe y que salga mientras tú esperas para pagar.

Esta sería la mejor opción, pero si no es posible lo que haremos es volver al rincón de la sala de espera donde iniciamos, y generaremos el momento de calma, podemos aprovechar para  dar un pequeño masaje en la zona del pecho o las orejas, acariciando siempre a favor del pelo para generar calma. 

EN CONCLUSIÓN

Ir al veterinario no tiene por qué ser una experiencia difícil. Con planificación, comunicación y respeto, podemos transformar la visita en un momento de confianza compartida.
Recuerda que cada experiencia cuenta: cada entrada, cada espera, cada manipulación deja huella en la relación entre tú y tu compañer@ perrun@.

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