NO TIENES QUE “DEJARLE SER UN PERRO”, YA LO ES
La responsabilidad de acompañarle para que tenga una vida plena
Hay una frase que se repite mucho últimamente en el mundo de la educación canina.
«Déjale ser un perro.»
Durante demasiado tiempo, la relación con l@s perr@s estuvo construida sobre la obediencia y la corrección. Sobre la idea de que un@ perr@ “bien educad@” obedecía, no molestaba, encajaba en lo que se esperaba sin demasiadas preguntas. Y ese enfoque dañó el bienestar de l@s perr@s y a la relación entre el binomio human@- perr@.
El giro que vino después fue necesario. Empezar a hablar de bienestar emocional, de comunicación, de respeto, de no forzar. Fue un cambio importante y en la dirección adecuada según nuestra visión profesional y estudios científicos actualizados.
Pero como ocurre con casi todos los péndulos, a veces ha ido demasiado lejos hacia el otro lado. Y los extremos pueden ser igual de perjudiciales.
YA SON PERROS. SIEMPRE LO HAN SIDO.
En e-DOPTA no creemos que l@s perr@s necesiten permiso para ser perr@s. Ya lo son. No hace falta que se lo demos.
Necesitan que aprendamos a entenderles y acompañarles para darles el soporte que se merecen. Que desarrollemos la capacidad de leerles, de atender en cada momento lo que necesitan, saber cuándo necesitan espacio y cuándo necesitan que les ayudemos a atravesar algo que les cuesta y saber qué hacer en cada momento.
En definitiva, es nuestra responsabilidad aprender a construir y llevar a cabo en su día a día las herramientas y estrategias para tener una vida plena.
Una cosa es respetar el ritmo de un@ perr@ y otra muy distinta es construir una vida entera alrededor de sus dificultades. Una cosa es no forzar y otra es evitar sistemáticamente todo aquello que genera incomodidad. Una cosa es darle tiempo y otra es no tener compromiso para trabajar.
Y ahí es donde creemos que hay una conversación pendiente.
EL PROBLEMA DE LA BURBUJA
Cuando un@ perr@ tiene dificultades de gestión emocional (miedo, inseguridad, frustración, tensión en los paseos) la respuesta más inmediata suele ser protegerle. Reducir la exposición, evitar los contextos difíciles, alejarnos antes de que pase algo.
Eso tiene mucho sentido en una primera fase. Es necesario bajar la carga, ajustar el contexto, generar seguridad. No se construye nada sobre un sistema emocional saturado.
Pero si nos quedamos solo ahí, lo que estamos construyendo no es bienestar. Es una burbuja. Un entorno controlado en el que el perro funciona… siempre y cuando no pase nada y a la vez por consecuencia les trasladamos de forma inconsciente que no tienen capacidades para vivir en un mundo real y tener emociones.
Y la vida pasa. El mundo es algo real, no una simulación. Se cruzan con otr@s perr@s, con personas desconocidas, con ruidos inesperados, con situaciones que no podemos anticipar ni controlar. Y si nunca les hemos dado (y nosotras no tenemos) herramientas para gestionar todo esto, cada vez que ocurren situaciones inesperadas, vuelven a estar en punto de inicio de la partida.
Porque la vida puede llegar a ser como un juego, cada partida tiene su dificultad y complejidad pero al final siempre tiene algo que nos hace aprender y estar más preparadas para la siguiente.
TRABAJAR DESDE EL RESPETO NO ES UNA CONTRADICCIÓN
Respetar a un@ perr@ y trabajar con él no son cosas opuestas. De hecho, creemos que no respetar a un@ perr@ también puede ser no darle las herramientas que necesita para vivir tranquil@.
Trabajar significa exponer cuando se está preparad@. No antes, pero tampoco nunca. Significa construir una base sólida y desde ahí ir ampliando el mundo poco a poco, con criterio, con acompañamiento, con la seguridad de que hay alguien que sabe qué está haciendo y por qué.
Significa enseñarle que aprender a transitar sus emociones es necesario, gestionar la incertidumbre, el miedo y en definitiva cualquier emoción es natural y necesario. No porque tengamos que exigirle que encaje en ningún molde, sino porque esas son habilidades que le van a permitir tener una vida más autónoma. Haciendo que el perr@ sea cada vez menos esclav@ de la burbuja que hemos construido y de nuestras decisiones como humanas.
Un@ perr@ que solo está bien en casa, o solo en paseos tranquilos, o solo cuando no hay nadie cerca, no es un@ perr@ que está bien. Es un@ perr@ que está sobreviviendo dentro de los límites de lo que hemos construido para que no le pase nada.
CONVIVENCIA REAL, NO CONVIVENCIA PERFECTA
La convivencia sana no es aquella en la que nunca pasa nada. Es aquella en la que, cuando algo pasa, hay recursos para afrontarla.. Donde hay una relación de confianza desde la que sostener lo que venga.
Eso no se construye evitando. Se construye trabajando juntas y enfrentándonos a ella. Guardar las dificultades debajo de la alfombra no soluciona, no es bienestar, ni es acompañarle.
Cuando tenemos compromiso con nuestr@s compañer@s perrun@s, entendemos que es necesario ponernos a trabajar, aprender, dejarnos acompañar y empezar a vivir en el mundo real.
Y cuando eso ocurre, el perro no necesita que le demos permiso para ser un perro. Ya lo es. Simplemente tiene, además, las herramientas que necesita para vivir de forma autónoma, segura y estable.