PARAR TAMBIÉN ES TRABAJAR: CÓMO TU ESTADO EMOCIONAL LLEGA A TU PERR@

Por lo general, en la educación canina nos centramos en lo que hace o no hace el perr@: cómo reacciona, qué le cuesta, cuánto avanza… Y a veces hay una parte de la relación que suele quedar fuera de foco: la persona que está al otro lado del proceso. Hoy queremos detenernos ahí, porque en e-DOPTA sabemos que parar también es trabajar.

Qué es el contagio emocional

El contagio emocional es la tendencia a “sintonizar” con el estado de quien tenemos al lado: su tensión, su calma, su prisa. En las personas lo vemos a diario. Entras en una sala donde hay mal ambiente y lo notas en el cuerpo antes de que nadie diga nada.

Con l@s perr@s pasa algo parecido, y es especialmente intenso en quienes conviven y se vinculan con nosotras. L@s perr@s leen muy bien nuestro lenguaje corporal, nuestra voz, nuestro ritmo al caminar, cómo respiramos, cuánta tensión pasa por la correa.

Hay estudios que han observado incluso que los niveles de estrés a largo plazo de perr@s y de sus personas guardan relación entre sí, y que l@s perr@s suelen reflejar el estado de su compañera humana más que al revés. Lo importante es la idea de fondo: no somos un elemento neutro en la relación.

Va en las dos direcciones

 

Aquí está el matiz que más me interesa. El contagio no es solo “yo afecto a mi perr@”. También funciona al revés:

  • Si acompaño a un@ perr@ con miedo, siento su miedo, y me pongo en alerta.
  • Si acompaño a un perr@ con mucha activación, me acelero yo también.
  • Si acompaño a un perr@ con bloqueo, puedo sentir impotencia o frustración.

 

Y entonces se cierra un círculo: mi tensión aumenta la suya, y su tensión aumenta la mía. Por eso, cuando trabajamos con perr@s con dificultades, no basta con mirar solo a la parte perruna del vínculo. La parte humana también cuenta.

No tienes que ser perfecta

 

No se trata de no sentir nada, ni de llegar siempre zen al paseo. Sentimos, y está bien. Un@ perr@ no necesita una persona imperturbable, necesita una persona suficientemente segura, previsible y presente.

Lo que sí podemos hacer es darnos cuenta. Algunas señales de que quizá estamos llegando saturad@s:

  • Vamos con prisa y acortamos todo (el paseo, la pausa, el olfateo).
  • Tiramos más de la correa o la tensamos sin darnos cuenta.
  • Nos cuesta respirar hondo o notamos los hombros en las orejas.
  • Reaccionamos con más brusquedad ante cosas que normalmente gestionamos bien.
  • Nos sentimos irritables con el perr@ por algo que en realidad es nuestro.

Cuidarnos para poder cuidar

 

Tanto si eres educadora, voluntaria, casa de acogida o adoptante, tu estado emocional es una herramienta más de trabajo, igual que la correa o el arnés. Y como toda herramienta, necesita mantenimiento. Algunas ideas sencillas:

  1. Antes de salir, haz una pausa breve. Tres respiraciones largas antes de coger la correa ya cambian el punto de partida.
  2. Baja el listón ese día. Si vienes cargada, quizá hoy toca un paseo más tranquilo, más olfateo y menos exigencia, y no pasa nada.
  3. Pide ayuda. Compartir con otra persona alivia y ofrece perspectiva.
  4. Respeta tus descansos. Cuidarte no es egoísmo: es lo que permite sostener el acompañamiento en el tiempo.
  5. Observa sin juzgarte. Notar que estás nerviosa no es un fallo, es información útil.

 

Parar, respirar, pedir ayuda y darnos el tiempo necesario.
Eso también es acompañar con seguridad.

 

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