EL MITO DEL PIPICÁN: ¿PARAÍSO PERRUNO O CAMPO DE BATALLA?

Para muchas de nosotras, la rutina diaria suele incluir una visita al parque de perr@s o «pipicán» de nuestro barrio. Llegamos, soltamos el mosquetón de la correa, nos ponemos a charlar con otras humanas y pensamos: «Qué bien, ahora va a correr, a jugar con sus amiguit@s y se irá a casa cansad@ y feliz».

Sin embargo, si nos ponemos las gafas de la etología y observamos lo que ocurre ahí dentro desde la perspectiva del perr@, la película cambia drásticamente. Lo que para nosotras es un rato de desconexión, para tu compañer@ perrun@ a menudo se parece más a entrar en una discoteca abarrotada a las 3 de la mañana, donde no conoce a nadie y nadie respeta su espacio personal.

No decimos que los pipicanes sean recintos malignos, pero están diseñados para la comodidad humana (para tenerlos controlados en un recinto cerrado), no para la naturaleza canina. Entender por qué generan tantos problemas de conducta es vital para proteger su bienestar.

LA TRAMPA DE LA VALLA (ADIÓS A LA PROXÉMICA)

¿Recuerdas cuando hablamos de la proxémica y de la «Distancia de Fuga»? L@s perr@s necesitan espacio para alejarse de aquello que les incomoda. En un pipicán, la valla elimina la opción de huida. Si un@ perr@ muy intens@, invasiv@ o con demasiada energía se abalanza sobre tu compañer@ y este se siente agobiado, no puede irse. Al sentirse acorralad@ entre la valla y el otr@ perr@, su cerebro solo le deja una opción para defenderse: Luchar (gruñir, marcar o morder). Much@s perr@s etiquetados como «agresivos» en los parques son solo perr@s aterrad@s pidiendo espacio en un recinto que no se lo da.

UN CÓCTEL DE ADRENALINA Y SOBREEXCITACIÓN

Creemos que correr a lo loco persiguiendo a otr@s perr@s les cansa de forma sana. ¡Falso! Ese tipo de carreras continuadas y frenéticas sin pausas disparan los niveles de adrenalina y cortisol (la hormona del estrés). Tu compañer@ perrun@ no sale de ahí «relajado», sale agotado pero pasado de vueltas. Por eso much@s perr@s, al salir del pipicán, tiran más de la correa o ladran a cosas que antes ignoraban; su sistema nervioso está saturado.

EL PEOR LUGAR PARA UN CACHORRO

Existe el mito de que hay que meter a los cachorros en el pipicán para que «se socialicen». Es uno de los errores más graves que podemos cometer. Un cachorro es una esponja emocional. Si lo metemos en un recinto cerrado donde perr@s adult@s desconocid@s le pisan, le acosan o le asustan, aprenderá que los otr@s perr@s son un peligro. Una sola mala experiencia en un pipicán puede crear un@ perr@ adult@ con dificultades de reacciones, miedos e inseguridades  de por vida.

MANUAL DE SUPERVIVENCIA: CÓMO USARLOS CON CABEZA

Si decides ir al pipicán (porque vives en una ciudad y es el único lugar donde puedes soltarle un rato), te proponemos estas reglas para que sea una experiencia sana:

  • Pasea antes de entrar: Nunca metas a tu compañer@ perrun@ direct@ de casa al parque. Lleva mucha energía acumulada. Dad un paseo largo de olfato antes para que entre más tranquil@.
  • El movimiento es clave: No te quedes parada en el centro mirando el móvil. Camina por el recinto. A l@s perr@s les gusta patrullar con su grupo. Si tú te mueves, evitas que se formen corrillos tensos en el centro del parque.
  • Cero juguetes y cero comida: Meter una pelota o premios en un recinto lleno de perr@s desconocid@s es encender la mecha de la Protección de Recursos. Alguien se va a pelear por ese tesoro.
  • Menos es más: 10 o 15 minutos son más que suficientes. Si ves que el juego se vuelve tenso (cuerpos rígidos, persecuciones abusivas sin cambio de roles), llama a tu compañer@ y marchaos. Eres su figura de protección, debes sacarle de ahí antes de que explote el conflicto.

EL PASEO IDEAL NO ESTÁ VALLADO

Nuestros compañer@s perrun@s no necesitan jugar con 15 perros desconocidos cada tarde para ser felices. Como vimos en entradas anteriores, un par de amigos afines son suficientes. Lo que realmente enriquece su mente y relaja su cuerpo es un paseo tranquilo, con una correa larga, explorando un trozo de campo o un parque abierto, oliendo cada árbol a su ritmo y compartiendo ese momento de calma… contigo.

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