LA SOCIALIZACIÓN: MUCHO MÁS QUE JUGAR CON OTROS PERR@S

«Tienes que socializarlo mucho». Es el primer consejo que escuchamos cuando un cachorro o un perro adoptado llega a nuestras vidas. Y movidas por la mejor de las intenciones, llevamos a nuestro nuev@ compañer@ perrun@ al centro de la ciudad, dejamos que le toquen 20 personas y le metemos en un pipicán lleno de perros para que «haga amiguitos».

Pero ¿y si te dijera que hacer eso puede ser contraproducente?

A menudo confundimos la socialización con un baño de multitudes. Creemos que cuantas más interacciones tenga, más sociable será. Sin embargo, la verdadera socialización no va de cantidad, sino de calidad. Se trata de presentarle el mundo para que entienda que es un lugar seguro, no de obligarle a interactuar con cada cosa que se mueve.

EL GRAN MITO: INTERACCIÓN VS. EXPOSICIÓN

Aquí está la clave que lo cambia todo. Para que tu perro esté bien socializado, no necesita interactuar con el estímulo; solo necesita estar expuesto a él de forma neutra o positiva.

  • Interacción (Lo que solemos hacer): Que el perro huela y juegue con cada perro que se cruza, o que cada niñ@ de la calle le acaricie. Esto crea perros hiper-excitables que, de adultos, se frustran y tiran de la correa si no les dejas saludar a todo el mundo.
  • Exposición (Lo que deberíamos hacer): Sentarte con tu perro en un banco a 10 metros de un parque infantil. El perro ve a l@s niñ@s correr, escucha los gritos, tú le das un premio rico y volvéis a casa. Ha aprendido que l@s niñ@s existen, que hacen ruido, pero que no son una amenaza ni una obligación. Son parte del paisaje.

EL PERIODO SENSIBLE (LA VENTANA MÁGICA)

Como comentamos en la entrada de cachorros, existe un Periodo Sensible (aproximadamente entre las 3 y las 16 semanas de vida). En esta fase, el cerebro del cachorro es una esponja y su curiosidad suele ser mayor que su miedo.

Todo lo que el cachorro experimente de forma positiva en esta etapa, lo archivará en la carpeta de «Cosas Seguras». Lo que no conozca (o le asuste mucho), lo archivará en «Peligro Potencial».

¿Qué debemos incluir en su «biblioteca» de experiencias?

  1. Superficies: Pisar hierba, asfalto, arena, rejillas metálicas, suelos resbaladizos.
  2. Ruidos: Tráfico, aspiradoras, tormentas, secadores (siempre empezando a volumen muy bajo).
  3. Personas: Personas con sombrero, con bastón, en silla de ruedas, niñ@s, personas altas, personas con barba.
  4. Objetos «raros»: Paraguas abriéndose, bicicletas, patinetes, carritos de la compra.

LA REGLA DE ORO: PROTEGE SU EMOCIÓN

Si estás presentando a tu perro un estímulo nuevo (por ejemplo, un patinete) y ves que se esconde detrás de tus piernas, nunca le arrastres hacia él. Obligarle a enfrentarse a su miedo mediante la inmersión total (lo que en psicología se llama Flooding o inundación) solo genera traumas.

Si tiene miedo, aplica lo que aprendimos sobre la Proxémica: aléjate. Dale distancia de seguridad. Deja que observe el patinete desde 20 metros de distancia, donde se sienta seguro, y prémiale por mirarlo con calma. Tú eres su base segura; tu trabajo es protegerle, no empujarle al abismo.

¿Y QUÉ PASA CON LOS PERROS ADULTOS ADOPTADOS?

Muchas lectoras tendréis compañer@s que llegaron a casa de adultos, con miedos o carencias por haber vivido aislados o en cheniles. ¿Ya es tarde para ellos? ¡Por supuesto que no!

Aunque la «ventana mágica» del cachorro esté cerrada, el cerebro del perro adulto tiene neuroplasticidad. Pueden aprender a superar sus miedos, pero el proceso ya no se llama socialización temprana, sino Desensibilización y Contracondicionamiento. Requerirá más tiempo, más paciencia y mucho más espacio (empezar a trabajar a distancias muy grandes del estímulo que les asusta), pero con acompañamiento y herramientas adaptadas, pueden volver a confiar en el mundo.

EN CONCLUSIÓN

Socializar bien es un acto de empatía. Es coger a tu perro de la «mano» (o de la correa larga) y decirle: «Mira, este es el mundo humano. A veces es ruidoso y raro, pero yo estoy aquí y prometo que nada malo te va a pasar».

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