TU ENERGÍA TAMBIÉN SOCIALIZA: cómo influye lo que sientes en los encuentros de tu perr@
Hay algo que pocas veces se pone en palabras cuando hablamos de socialización, pero que está presente en absolutamente todos los encuentros: no solo socializa tu perr@, también lo haces tú.
En cada paseo, en cada cruce, en cada momento en el que aparece otr@ perr@ y algo dentro de ti cambia, hay una comunicación que va mucho más allá de la correa o de lo que decides hacer de forma consciente. Porque aunque no digas nada, aunque intentes mantener la calma o “hacerlo bien”, tu cuerpo ya está respondiendo. Y tu perr@, que vive mucho más atento a lo que siente que a lo que se dice, lo está percibiendo.
Esto no va de hacerlo perfecto. Va de entender que lo que ocurre dentro de ti también forma parte del proceso.
LO QUE SIENTES SE TRANSMITE
Imagina un paseo cualquiera. Todo parece ir bien hasta que, a lo lejos, aparece otr@ perr@. Quizá no es la primera vez que ese tipo de encuentro se complica. Quizá ya ha habido tensión, tirones o alguna reacción que te dejó con mal cuerpo.
Y entonces, casi sin darte cuenta, algo se activa.
Tu atención se afina.
Tu cuerpo se prepara.
La mano ajusta la correa.
La respiración cambia.
Puede que desde fuera no sea evidente. Puede que incluso intentes actuar con normalidad. Pero por dentro, ya no estás en el mismo lugar.
Y eso, tu perr@ lo nota.
No porque “lea tu mente”, sino porque está constantemente observando microcambios: en tu postura, en tu tono muscular, en la forma en la que te mueves o en cómo gestionas la distancia. Todo eso le da información sobre lo que está ocurriendo y sobre cómo de relevante puede ser esa situación.
NO ES SÓLO LO QUE HACES
A menudo buscamos herramientas: cómo cruzarnos, qué hacer con la correa, cómo evitar que reaccione, cómo mejorar los encuentros. Y aprender las herramientas que necesitáis es fundamental, pero hay una parte que queda fuera si solo nos centramos en la técnica.
No es lo mismo acortar la correa desde la calma que hacerlo desde la anticipación.
No es lo mismo cambiar de dirección de forma fluida que hacerlo con urgencia.
No es lo mismo observar al otr@ perr@ con curiosidad que hacerlo con preocupación.
La acción puede ser la misma.
Pero el estado desde el que se hace, no.
Y ese estado es el que muchas veces marca la diferencia en cómo se desarrolla el encuentro.
Porque cuando hay tensión interna, aunque intentemos disimularla, se filtra en todo lo demás.
LAS EXPECTATIVAS TAMBIÉN PESAN
Cuando ya ha habido experiencias difíciles, es completamente normal anticiparse. El cuerpo aprende rápido y trata de protegerse.
Aparece la idea de “a ver qué pasa ahora”.
El foco se pone en evitar que se repita lo anterior.
La atención se va hacia el posible problema.
Y, sin querer, dejamos de estar en lo que está ocurriendo en ese momento para estar en lo que tememos que ocurra.
Esto genera una carga extra en el paseo. Una especie de vigilancia constante que no siempre es visible, pero que se sostiene en el tiempo. Y ese estado, sostenido día tras día, también influye en cómo el perro vive esos encuentros.
No porque le “transmitamos miedo” de forma directa, sino porque el contexto se vuelve menos predecible, más tenso, más cargado.
CUANDO EL CUERPO VA POR DELANTE
Hay algo importante aquí: muchas de estas respuestas no son conscientes. No es algo que elijas hacer, ni algo que puedas simplemente apagar.
Tu cuerpo responde en función de lo que ha vivido. Se activa, se prepara, intenta adelantarse a lo que puede pasar. Y eso es humano.
Pero entender que esto ocurre permite empezar a observarlo con otra perspectiva. No desde la culpa, sino desde la conciencia.
Porque no se trata de eliminar lo que sientes, sino de reconocerlo. De darte cuenta de cuándo aparece, de cómo se manifiesta en ti, de qué cambia en tu forma de moverte o de sostener la situación.
Y desde ahí, poco a poco, poder generar más margen.
SOCIALIZAR NO ES SOLO LO QUE OCURRE FUERA
Cuando pensamos en socialización, solemos imaginar lo que pasa entre perros: saludos, juegos, interacciones. Pero hay otra capa que influye constantemente en esos encuentros: el estado emocional de quien acompaña.
Tu presencia.
Tu forma de moverte.
Tu manera de gestionar lo que ocurre.
Todo eso forma parte del entorno del perr@.
Y ese entorno no es neutro.
Y si empezamos a incluirnos en la ecuación
Quizá la socialización no sea solo una cuestión de “cómo se comporta mi compañer@ perrun@ con otr@s perros”.
Quizá también tenga que ver con cómo vivimos nosotras esos encuentros. Con qué sentimos, qué anticipamos, cómo nos colocamos dentro de la situación.
No para responsabilizarnos de todo.
Pero sí para entender que formamos parte del proceso.
Y que, cuando empezamos a incluirnos ahí, aparecen nuevas posibilidades.
Más conciencia.
Más margen.
Más coherencia.
Y, poco a poco, encuentros que dejan de ser una prueba…
y empiezan a ser algo más sano para amb@s.